Regreso

Regreso

¿Recuerdas que nos aprendimos de memoria ese día para poder contarlo una y mil veces?

¿Recuerdas que queríamos ser diferentes para vivir otra historia?

Un inolvidable silencio nos había acompañado desde ese entonces.

¿Recuerdas que nos aprendimos de memoria ese día para poder contarlo una y mil veces?

¡Recuerdas como reímos al ver esas huellas más hundidas que las otras!

Hubieron gestos evidentes que más que ser el último encuentro sería el primer adiós, el mismo del que reiríamos 25 años después al volver a vernos, cuando nuestras vidas ya iban por otros caminos.

Esa noche la recuerdo juntos mirando techos invisibles también recuerdo ese momento cuando de pronto se abrió paso el ruido sordo de las turbinas del avión que llegaba al final de la pista. 

Pensé, todo dependerá de ese ruido. Por ejemplo mantener vivo los recuerdos.

Esa noche vivió en nosotros. Esos sucesos interrumpieron la historia para remecer lo vivido, para trasformar el presente. Incluso más allá del adiós.

Esa noche nos dimos cuenta que íbamos a entrar en un sueño. 

Era un escenario compartido, sin sospechar que no volveríamos a vivirlo, incluso nosotros, ahora otros, volveríamos a ese día diferentes para convertir el sueño en realidad, aunque el pasar de los años hubiera teñido  los colores y deseos de entonces, cambiando sus referencias en sucesiones de estrellas luminosas, guías nocturnas de los recuerdos que teníamos por delante, soberanos y amigables.

Habíamos tenido suerte pensamos, al compartir esa noche juntos mirando y escuchando el mar. 

¿Recuerdas que nos aprendimos de memoria ese día para poder contarlo una y mil veces?

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